El invierno está llegando a su fin, ya desde la ventana puedo apreciar como los árboles van floreciendo. Algunos, han decidido incluso dejar caer sus pétalos, e invitan a que el viento que los mece se los lleve.  En apenas una semana casi todos los árboles estarán llenos de florecillas de colores, y con ello, las redes sociales. A veces me paro a pensar, ¿realmente disfrutamos del florecer o de captar ese momento en nuestras memorias? Entonces me viene a la mente pensar en cómo disfrutan las personas alrededor del mundo, qué es la dicha para cada uno.

Me pongo a pensar un instante, el viento acaricia las ramas  y mientras ojeo Instagram observo uno de los hashtags que suelo seguir. Hygge.

La primera vez que vi esta palabra rotulada en un blog me sorprendió. La acompañaba una imagen que reflejaba la tranquilidad del invierno en un paisaje nórdico. Lluvia repiqueteando en los cristales y un café con galletas. Una manta calentita de lana y una buena serie. Hygge Ni idea si quiera de cómo se pronunciaba, pero algo me hizo querer indagar más sobre el tema.

El hygge es un termino…

… que abarca diferentes conceptos relacionados con lo que se concibe como felicidad. Vivimos en un mundo lleno de preocupaciones donde una vida slow parece difícil de asimilar, pero es más sencillo de lo que parece. Los nórdicos lo tienen muy claro y ponen esta palabra para describir ese concepto de “lograr la felicidad de manera apacible” y lo practican. Por algo su origen, Dinamarca, es considerado uno de los lugares más felices del mundo.

Lo que más me gusta de este término son las tres ideas principales que abarca, la filosofía detrás del propio concepto. Por un lado, el Hygge es definido como el arte de crear una comunidad o santuario, invitando a un acercamiento y a poner nuestra atención en aquello que nos hace abrir nuestros corazones y sentirnos realmente vivos. Vaya, qué mejor manera que ser felices que mediante el bienestar y el cariño, haciendo que las personas se sientan parte del momento y el lugar, celebrando cada pequeño instante.

La verdadera felicidad está en lograr disfrutar de la mayor cantidad de momentos posible. De ver el lado bueno de las diferentes cosas que nos rodean y aprender a apreciarlo. El disfrutar estar con la familia o amigos jugando a juegos de mesa o viendo alguna película. El tomarse un colacao calentito hablando tranquilamente.

Por eso me gusta practicar el Hygge como parte esencial de la vida, disfrutar de las pequeñas cosas que tiene la vida que nos sacan sonrisas, de inspirarme en la naturaleza para lograr la tranquilidad y sentirme en paz conmigo y con el resto. Organizar una tarde en familia o  una cena casera con un interesante debate sobre la mesa.

¿Quieres practicarlo? Recuerda estos tren sencillos conceptos:

  1. El hygge es el arte de poner atención en lo que nos hace abrir nuestros corazones, sentirnos vivos.
  2. Busca crear bienestar, conexión y cariño no solo con las personas, si no con todo lo que te rodea.
  3. Celebra cada momento y lugar de cada día, el sentirse parte de ello.

Yo creo que este fin de semana, que se acerca lluvia, lo pondré muy en práctica…

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