No, el coronavirus no es una advertencia de la Tierra.

Pero no sería mala idea tomarlo como tal: como un punto de inflexión que nos invita a reflexionar y, sobre todo, a redefinir modelos. Porque, aunque no podemos elegir los tiempos que nos toca vivir, sí podemos elegir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.

Y lo que hoy hagamos, como individuos y como sociedad, determinará nuestro futuro. Esta crisis es sin duda una oportunidad sin parangón para crear una nueva normalidad. Una normalidad más justa, inclusiva y sostenible, que sirva para construir los cimientos de un nuevo mundo.

Se hace muy difícil hablar de algo positivo como oportunidades mientras la pandemia de la Covid-19 sigue causándonos tanto dolor a nivel mundial: mientras escribo este artículo sumamos en el mundo más de 3 millones de contagios y 229.000 personas fallecidas.

Pero la realidad es que, si no aprendemos nada de lo que estamos viviendo, corremos más riesgo de que vuelva a pasar. Es por ello que sería un error no extraer algunas lecciones que esta crisis nos deja, de las cuales, solo si queremos, podemos aprender.

Porque podemos aprender de esta crisis… pero solo si queremos hacerlo.

3 lecciones que nos deja el coronavirus

1. Somos más vulnerables de lo que pensamos. Nos creíamos todopoderosos y no estábamos preparados para combatir un microorganismo.

2. Los recursos del planeta son finitos. Lo hemos visto, sin ir más lejos, con ejemplos como el de las mascarillas o los respiradores artificiales.

3. Somos capaces de tomar medidas. Si los países perciben la urgencia de un problema y tienen la voluntad real de coordinarse y atacarlo, se puede lograr una movilización mundial con efectos inmediatos. Si colaboramos, entre todos podemos afrontar emergencias como las de esta crisis u otras mucho más devastadoras a medio-largo plazo, como la emergencia climática a la que nos enfrentamos.

Otros aprendizajes

Además de las tres lecciones mencionadas, la crisis del coronavirus nos deja multitud de conclusiones de las cuales también podemos (y convendría, de hecho) aprender. Entre otras, las siguientes:

 La naturaleza siempre se hace hueco: y recordemos que nosotros somos parte de ella.

▪ Lo que más vale es lo que menos cuesta: un abrazo, una llamada, un paseo por la naturaleza. Esas cosas que tanto hemos añorado estos días…

 La solidaridad global es la única forma de fortalecer nuestra confianza en el futuro.

Hay que pensar en global, pero actuar y colaborar en local: ya decía Teresa de Calcuta eso de que “si cada cual barriera la puerta de su casa, el mundo estaría limpio”.

 La lucha contra el cambio climático no solo es imprescindible, sino también inaplazable.

 La actividad empresarial se abre a un nuevo entorno económico y la economía circular es nuestra única alternativa si queremos asegurar el futuro de nuestro planeta.

En definitiva, la crisis del coronavirus trae muchas desgracias, y todo el esfuerzo que estamos haciendo será en vano si todas estas lecciones que podemos extraer de la misma no nos permiten mejorar y prepararnos para el futuro, tanto a nivel colectivo como a nivel individual.

Decía Viktor Frankl que “cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

¿Vamos a cambiar? Seguro.
¿Vamos a mejorar? Depende de nosotros.
Y es que el cambio es inevitable… pero el crecimiento es opcional.

Trabajemos para que esta crisis nos ayude a crecer, como individuos, como sociedad y como especie.

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